Este es uno de los desafíos más comunes y una fuente constante de falsas alarmas. La buena noticia es que la tecnología ofrece soluciones específicas. Muchos sistemas de seguridad sin cuotas y profesionales ofrecen sensores de movimiento «amigables con las mascotas».
Estos sensores utilizan lógica avanzada para distinguir entre el patrón de calor y movimiento de un animal doméstico (hasta un peso determinado, como 20-25 kg) y el de un ser humano adulto. Funcionan ignorando las fuentes de calor más pequeñas y de menor altura. La clave para su efectividad es una instalación cuidadosa: el sensor debe colocarse a la altura y ángulo recomendados, evitando apuntar directamente a zonas por donde las mascotas suelen saltar, como el respaldo de un sofá.
Para hogares con mascotas muy activas o de gran tamaño, una estrategia alternativa es confiar menos en los sensores de movimiento y más en los sensores de puertas y ventanas para la protección perimetral, complementados con cámaras para verificación. También se puede configurar el sistema para que, en el modo «En Casa», los sensores de movimiento de ciertas áreas estén desactivados, mientras que los contactos de las ventanas y puertas exteriores sigan activos.