Saltar la cuerda no es un juego (bueno, a veces sí, y por eso funciona)
La primera vez que lo probé de adulto, fue casi por accidente. Mi sobrino olvidó su cuerda en mi casa, una de esas de colores brillantes. Un día, entre reuniones online que se solapan, la vi ahí en el rincón y pensé: «¿En serio no puedo ni con esto?». Te juro que en treinta segundos […]