Limpieza del Hogar

Cómo Limpiar el Lavavajillas por Dentro en 2026 y Dejarlo Impecable

Post actualizado el día octubre 13, 2026 by DeiviSanzPlay

El lavavajillas es el electrodoméstico que más usamos y menos limpiamos. Y ojo, no hablo de echarle un producto milagroso cada seis meses. Hablo de que la grasa, los restos de comida y el detergente acumulado acaban formando una película que no ves, pero que está ahí. Esa capa es la que provoca que los platos salgan con manchas blancas, que huela a cloaca cuando abres la puerta y que el motor trabaje el doble. Aprender cómo limpiar el lavavajillas por dentro no es un capricho estético: es mantenimiento básico para que no te deje tirado en dos años.

Por qué tu lavavajillas huele mal (y no es solo la comida)

Voy a ser directo: el mal olor no viene solo de los restos de comida. Viene de una combinación de grasa cocinada, restos de detergente que no se disuelven bien y agua estancada en las zonas bajas. Ese cóctel fermenta y cria bacterias. La clave está en el filtro y en las gomas de la puerta, que es donde casi nadie mira.

Si dejas los platos sucios dentro durante días antes de poner el lavado, estás alimentando ese cultivo. Y si usas demasiado detergente pensando que limpiará más, lo único que consigues es que se acumule en las paredes y en el fondo. La cantidad correcta es la que marca el fabricante, no la que te dicta la intuición.

Paso 1: el filtro, el punto más crítico

El filtro es el primer sitio donde se acumula la porquería. Está en el fondo del lavavajillas, normalmente se gira un cuarto de vuelta y sale. Si no lo has limpiado nunca, prepárate para lo que vas a encontrar: una pasta marrón que huele fatal.

Para limpiarlo bien, sácalo y lávalo con agua caliente y un poco de jabón lavavajillas. Usa un cepillo de cerdas suaves para no rayar el plástico. Nada de estropajos metálicos. Aclara bien y vuelve a colocarlo en su sitio. Hazlo una vez al mes como mínimo, y si usas el lavavajillas a diario, cada dos semanas.

Paso 2: vinagre blanco para eliminar olores y desinfectar

El truco del vinagre blanco es viejo, pero funciona. Llena un vaso resistente al calor, ponlo en la bandeja superior y ejecuta un ciclo de lavado en caliente sin platos. El vinagre baja por el circuito, disuelve la grasa y mata las bacterias que causan el olor.

Si el olor ya es insoportable, haz una segunda pasada: echa media taza de bicarbonato en el fondo del lavavajillas, pon otra media taza de vinagre en el vaso de arriba y lanza otro ciclo. La reacción efervescente ayuda a desincrustar los restos más pegados. Ojo: no mezcles vinagre y bicarbonato en el mismo recipiente antes de meterlo, porque pierdes la mitad de la acción.

Paso 3: gomas, sellos y esquinas olvidadas

Las gomas de la puerta son el paraíso del moho. Ahí se queda la humedad y la grasa, y con el tiempo se pone negro. Un paño húmedo con vinagre o agua jabonosa basta para la limpieza rutinaria. Para las ranuras, usa un cepillo de dientes viejo. Sí, el típico truco de toda la vida, pero es que funciona.

No te olvides de las esquinas interiores y de la zona donde encaja la puerta. Si ves puntos negros que no salen con vinagre, usa un poco de bicarbonato con agua y frota con el cepillo. Si el moho ya está metido en la goma, valora cambiar la goma: no hay limpieza que lo saque.

Paso 4: brazos rociadores, los grandes olvidados

Los brazos rociadores son los que reparten el agua. Si sus orificios se obstruyen con cal o restos de comida, el agua no llega bien y los platos salen sucios. Sácalos (normalmente se desenroscan o se desencajan con un giro) y déjalos en remojo con agua caliente y vinagre.

Después, con un palillo o una aguja, desatasca cada agujero uno por uno. No uses un cuchillo ni nada metálico que pueda agrandar el orificio. Antes de volver a colocarlos, asegúrate de que están secos. Si el agua sale torcida o con poca presión, es señal de que toca esta limpieza.

Paso 5: productos específicos vs. remedios caseros

En el mercado hay limpiadores específicos para lavavajillas que funcionan bien, sobre todo los que vienen en formato de pastilla para ciclo vacío. Suelen llevar ácido cítrico o percarbonato, que desincrustan y desinfectan. Si eliges esta opción, busca uno que no tenga cloro agresivo, porque puede dañar las gomas y las partes metálicas.

Ahora, mi opinión: para el mantenimiento mensual, el vinagre y el bicarbonato son suficientes y mucho más baratos. Para una limpieza profunda de primavera o si el lavavajillas lleva años sin tocarse, un producto específico te ahorra tiempo. No hay que ser talibán de lo natural ni de lo comercial.

Paso 6: desinfección final y secado

Después de limpiar filtros, gomas y brazos, haz un último ciclo en vacío con vinagre en la bandeja superior y temperatura alta. Eso arrastra todo lo que hayas soltado. Al terminar, abre la puerta y deja que se ventile. Si puedes, seca las gomas con un paño.

Un detalle que casi nadie hace: deja la puerta entreabierta después de cada lavado. La humedad atrapada es el caldo de cultivo perfecto para el moho. Con la puerta abierta, el interior se seca y alargas la vida del aparato.

Errores que te están fastidiando el lavavajillas

  • Echar demasiado detergente: deja residuos en las paredes y en los platos. Usa la dosis recomendada.
  • No limpiar el filtro: es la causa número uno de malos olores y de que el agua no circule bien.
  • Dejar platos con restos durante días: la comida se seca y se pega, y el olor se impregna.
  • Ignorar las gomas: ahí es donde se acumula el moho que luego huele cada vez que abres.
  • Usar estropajos metálicos: rayan el plástico y el acero, y crean más rincones para la suciedad.

Frecuencia recomendada de limpieza

No hace falta obsesionarse, pero sí ser constante. El filtro, una vez al mes. Las gomas, cada dos semanas con un paño. Un ciclo con vinagre, una vez al mes. Y una limpieza profunda de brazos y esquinas, cada tres o cuatro meses. Si el lavavajillas se usa mucho, acorta los plazos.

Con estos pasos, tu lavavajillas no solo olerá bien: lavará mejor, durará más y te ahorrará averías. Y eso, al final, se nota en el bolsillo. No hay que ser un experto en electrodomésticos para mantenerlo impecable, solo hay que dedicarle diez minutos al mes.