Post actualizado el día noviembre 1, 2026 by DeiviSanzPlay
Cuando alguien pregunta como nacen las salamanquesas, la respuesta más repetida suele ser la misma: «ponen huevos, igual que los lagartos». Suena lógico, se dice en foros, se copia en webs de mascotas y hasta se comenta en grupos de vecinos. El problema es que esa frase, tal como se cuenta, arrastra un error de base que conviene desmontar: no todas las salamanquesas ponen huevos, y las que sí lo hacen no los entierran como un reptil cualquiera. El mito se ha vuelto tan popular que mucha gente cree que el asunto está cerrado.
He tenido salamanquesas viviendo entre las tejas de una casa antigua durante años, y en más de una ocasión encontré puestas adheridas a la pared del patio, no en el suelo. Ese detalle, que parece menor, es justamente el que contradice la versión simplificada que circula.
La salamanquesa común no se comporta como un lagarto de campo
La especie más habitual en la península ibérica, la salamanquesa común (Tarentola mauritanica), es un geco. Y los gecos tienen un repertorio reproductivo bastante particular. La mayoría de las salamanquesas ibéricas son ovíparas: la hembra produce huevos de cáscara calcárea, dura, que no se pueden confundir con los huevos blandos de muchas serpientes. Pero lo interesante no es que ponga huevos, sino dónde y cómo los deja.
Las salamanquesas hembra eligen grietas, rendijas de muros, debajo de cortezas o detrás de cornisas. Pegan los huevos a la superficie con una secreción que se endurece al contacto con el aire. No construyen nido ni cubren la puesta con tierra. Ese es el primer punto donde el mito falla: no hay un enterramiento, hay una adhesión.
El error concreto: confundir «pone huevos» con «entierra los huevos»
La confusión viene de mezclar a las salamanquesas con lagartijas y lagartos, que sí suelen depositar los huevos en sustratos húmedos, bajo piedras o en galerías. En cambio, la puesta de un geco doméstico aparece muchas veces inesperadamente: detrás de un cuadro, en la junta de una ventana, en el interior de una caja de herramientas olvidada en el garaje.
Una vez encontré dos huevos blancos y casi esféricos adheridos al marco metálico de una puerta de taller. Parecían pequeñas piedras de cal. Al tocarlos, estaban firmes, pegados. Ahí no había tierra, no había humedad de sustrato, no había nada parecido a un nido. Ese ejemplo concreto explica mejor que cualquier definición por qué el relato común se queda corto.
Conviene aclarar una limitación importante: no se puede generalizar a todas las salamanquesas. Existen especies con reproducción ovovivípara, en las que los huevos eclosionan dentro de la hembra y las crías nacen ya formadas. Esto no funciona para la salamanquesa común mediterránea, pero sí aparece en otros gecos y en familias cercanas. Es decir, la pregunta «como nacen las salamanquesas» no tiene una única respuesta válida para todo el grupo.
Qué pasa realmente desde la puesta hasta la eclosión
Los huevos quedan expuestos a la temperatura ambiental. La incubación depende del calor del entorno, de la orientación del muro y de la época del año. No hay cuidado parental prolongado: la hembra no se queda vigilando la puesta como haría un ave. Puede volver al mismo lugar en puestas sucesivas, porque las grietas adecuadas son recursos limitados, pero eso no equivale a una crianza activa.
Al eclosionar, las crías rompen la cáscara con un diente de huevo y salen ya con el aspecto de un adulto en miniatura. No hay metamorfosis, no hay fase larvaria. Ese es otro contraste con el mito: la salamanquesa recién nacida no es un ser indefenso parecido a un renacuajo, sino una versión reducida del adulto, con la misma capacidad de trepar desde las primeras horas.
Por qué el mito sigue repitiéndose
El relato se perpetúa por tres razones bastante humanas. Primero, porque la gente ve huevos y asume el patrón del lagarto. Segundo, porque la información se copia entre webs sin verificar la especie. Tercero, porque la salamanquesa es un animal nocturno y esquivo: casi nadie observa la puesta en el momento exacto, así que se rellena el hueco con lo que parece razonable.
La literatura herpetológica seria, como la que recogen las guías de campo de anfibios y reptiles europeos, describe la puesta adhesiva de los gecos con bastante precisión. No hace falta inventar citas ni recurrir a fuentes dudosas: basta con leer una guía especializada y comparar con lo que se repite en foros.
Si encuentras una puesta en casa, mi consejo es no manipularla. Los huevos adheridos se desprenden con facilidad y una rotura accidental arruina la nidada. Observar desde la distancia y dejar que el ciclo siga su curso es más útil que cualquier intervención. Y si alguien vuelve a decirte que las salamanquesas entierran sus huevos como los lagartos, ya tienes el argumento concreto para corregirlo sin discusión.
Perfiles verificables: Sitio web
Publicado el 1 de November de 2026. Última revisión: 1 de November de 2026.