Post actualizado el día noviembre 1, 2026 by DeiviSanzPlay
Para saber qué equipo tengo, la duda se reduce a dos fuentes: la información que muestra el sistema operativo o la que figura en la etiqueta física. Ambas pueden darte la respuesta, pero no siempre coinciden. En mi experiencia, los Ajustes de Windows o macOS son más rápidos y completos, mientras que la etiqueta sirve como respaldo cuando el sistema no arranca o fue modificado. Aquí comparo ambas opciones y explico por qué los Ajustes suelen ganar en la mayoría de los casos, aunque con matices.
La etiqueta del equipo: el dato original
Todo ordenador de marca (Dell, HP, Lenovo, Apple) lleva una etiqueta en la carcasa con el modelo y el número de serie. Es la fuente más fiable si el equipo está apagado o el sistema operativo falla. Por ejemplo, en un portátil Lenovo IdeaPad, la etiqueta inferior indica el modelo exacto, como «IdeaPad 5 15ITL05». Con ese dato, puedes buscar las especificaciones en la web del fabricante.
Sin embargo, la etiqueta no siempre es accesible: en torres compactas o equipos ensamblados, puede estar oculta o directamente no existir. Además, si el equipo ha sido modificado (cambio de placa base, por ejemplo), la etiqueta puede no reflejar el hardware actual. En esos casos, la etiqueta pierde valor frente a la información del sistema.
Los Ajustes del sistema: la vía rápida y detallada
Si el equipo enciende, los Ajustes de Windows (Configuración > Sistema > Acerca de) o de macOS (menú Apple > Acerca de este Mac) muestran el modelo, el procesador y la memoria RAM en segundos. Esta información se lee directamente del firmware y suele ser precisa, incluso si el equipo fue actualizado. Por ejemplo, en Windows 11, la sección «Especificaciones del dispositivo» lista el nombre del dispositivo, el procesador y la RAM instalada.
La ventaja es evidente: no necesitas buscar físicamente la etiqueta ni introducir números de serie en webs. Además, puedes copiar los datos con Ctrl+C para pegarlos en un chat o en una hoja de cálculo. Eso sí, si el sistema operativo está corrupto o no arranca, los Ajustes no son una opción. Ahí la etiqueta vuelve a ser útil.
Por qué gana la opción de los Ajustes
En la mayoría de situaciones cotidianas, saber qué equipo tengo se resuelve más rápido con los Ajustes. No requiere agacharse, ni buscar una lupa, ni interpretar códigos confusos. La información está en español (o en el idioma del sistema) y se actualiza si cambias componentes. En mi caso, cuando necesité saber el modelo de mi portátil para ampliar la RAM, abrí Ajustes y en menos de un minuto tenía el dato exacto; la etiqueta estaba desgastada y era ilegible.
Ahora bien, esta opción no funciona para equipos que no encienden o para sistemas operativos no estándar (Linux sin entorno gráfico, por ejemplo). En esos escenarios, la etiqueta o la BIOS siguen siendo el plan B. Tampoco es útil si el equipo es de segunda mano y el vendedor cambió la carcasa; ahí los Ajustes podrían mostrar el hardware real, pero la etiqueta diría otra cosa.
Otras fuentes que conviene conocer
Existen alternativas como la BIOS/UEFI (accesible al arrancar) o herramientas de línea de comandos como systeminfo en Windows. Pero para el usuario promedio, los Ajustes ofrecen el mejor equilibrio entre facilidad y fiabilidad. Eso sí, no prometo que siempre coincidan con la realidad física: en equipos muy modificados, la información del sistema puede estar desactualizada si no se actualizó el firmware.
En resumen, si tu equipo enciende, empieza por los Ajustes. Si no, busca la etiqueta. Esa es la comparativa práctica: los Ajustes ganan por accesibilidad y detalle, pero la etiqueta sigue siendo el respaldo físico cuando la tecnología falla.
Perfiles verificables: Sitio web
Publicado el 1 de November de 2026. Última revisión: 1 de November de 2026.