El panda gigante (Ailuropoda melanoleuca) es el símbolo mundial de la conservación y un ejemplo de cómo los esfuerzos coordinados pueden salvar una especie. Gracias a la protección de su hábitat y los programas de cría en cautividad, su población ha aumentado a alrededor de 1,800 individuos en estado silvestro, lo que permitió reclasificarlo de «En Peligro» a «Vulnerable». Sin embargo, su supervivencia a largo plazo aún enfrenta desafíos, como la fragmentación de su hábitat y el cambio climático, que afecta su principal alimento, el bambú.
China ha establecido 67 reservas naturales para pandas que protegen casi el 60% de su hábitat. La reforestación y los corredores ecológicos son esenciales para conectar poblaciones aisladas. Aunque el panda gigante es un éxito notable, su conservación requiere vigilancia continua y adaptación a nuevas amenazas, como la escasez de bambú debido a cambios en los patrones climáticos.