Post actualizado el día October 17, 2026 by DeiviSanzPlay
El 13 de octubre de 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló contra la cordillera de los Andes. A bordo iban 45 personas, entre jugadores del equipo de rugby Old Christians, familiares y tripulación. Solo 16 salieron con vida después de 72 días de infierno. Hoy, más de cinco décadas después, la pregunta sigue rondando: ¿qué fue de los supervivientes de los Andes? La respuesta es más cruda y humana de lo que muchos imaginan.
Los que ya no están: muertes posteriores al rescate
No todos los que volvieron a casa lograron escapar del todo de la montaña. Algunos fallecieron años después por enfermedades o accidentes que, según ellos mismos contaron, tuvieron relación con las secuelas de aquel trauma. Es el caso de Nando Parrado, que sobrevivió y se convirtió en un conferenciante motivacional de éxito, pero que ha hablado abiertamente de la depresión que lo persiguió durante décadas. Otros, como Roberto Canessa, pediatra y cardiólogo, siguieron ejerciendo la medicina y jamás dejaron de lado la montaña.
Uno de los fallecimientos más sonados fue el de Javier Methol, que murió en 2016 a causa de un cáncer. Methol perdió a su esposa Liliana en el accidente y se convirtió en una de las voces más lúcidas sobre la supervivencia extrema. Su historia, como la de tantos, demuestra que la tragedia de los Andes no terminó con el rescate.
Vidas reconstruidas: médicos, empresarios y conferenciantes
La mayoría rehizo su vida con una normalidad que asombra. Roberto Canessa se especializó en cardiología pediátrica y ha salvado a cientos de niños. Gustavo Zerbino se dedicó a los negocios y a la charla motivacional. Ramón Sabella se convirtió en un próspero empresario agrícola. Álvaro Mangino trabajó en el sector inmobiliario. José Luis “Coche” Inciarte falleció en 2023, pero hasta entonces fue un referente en el mundo de la empresa.
Muchos de ellos han confesado que la montaña les enseñó a relativizar los problemas del día a día. “Después de los Andes, nada me parece grave”, repiten en sus charlas. Esa filosofía les ha permitido mantener matrimonios duraderos, criar hijos y no caer en el victimismo.
El pacto de silencio que nunca existió
Durante años se especuló con que los supervivientes habían acordado no hablar de la antropofagia. Falso. Nando Parrado lo contó en su libro Milagro en los Andes (2006) sin rodeos. Roberto Canessa lo explicó en documentales como I Am Alive: Surviving the Andes Plane Crash (2010). La decisión de alimentarse de los cuerpos de sus compañeros fallecidos fue una medida desesperada que salvaron gracias a un acuerdo colectivo. No hubo ocultación; hubo respeto por las familias, pero también una necesidad de contar la verdad para ayudar a otros.
Ese gesto de transparencia les ha valido el reconocimiento internacional. Hoy son invitados habituales en universidades y congresos de psicología y resiliencia.
El impacto psicológico que aún colea en 2026
Los supervivientes de los Andes han hablado sin tapujos de estrés postraumático, insomnio y flashbacks. Pedro Algorta, uno de los que menos apariciones públicas hace, ha reconocido que durante años no pudo dormir sin luz. Bobby François también ha contado sus recaídas. La terapia psicológica no era habitual en el Uruguay de los 70, así que muchos se refugiaron en la familia y en la fe.
En 2026, la salud mental se aborda de otra manera. Ellos fueron pioneros sin quererlo: visibilizaron que sobrevivir a una tragedia no es solo salir vivo, sino aprender a vivir con los recuerdos. Varios de ellos colaboran con fundaciones de apoyo a víctimas de accidentes aéreos.
La cultura popular los ha mitificado (y ellos lo saben)
Películas como ¡Viven! (1993) y La sociedad de la nieve (2023, de J.A. Bayona) han llevado su historia a millones de personas. Los supervivientes han colaborado en ambas producciones, pero no siempre han quedado contentos con el resultado. Canessa criticó que la cinta de Bayona se centrara tanto en el canibalismo y menos en la dimensión espiritual del grupo. Aun así, reconocen que esas obras mantienen viva la memoria de los 29 fallecidos.
En 2026, la historia sigue siendo objeto de estudio en escuelas de negocios por su ejemplo de liderazgo en crisis. Y es que la organización que improvisaron en la montaña —con roles definidos, reparto de tareas y toma de decisiones por consenso— es un caso práctico de manual.
Qué fue de los supervivientes de los Andes: el presente
A día de hoy, quedan vivos 14 de los 16 rescatados. Nando Parrado, Roberto Canessa, Gustavo Zerbino, Ramón Sabella, Álvaro Mangino, Pedro Algorta, Bobby François, Roy Harley, Adolfo “Fito” Strauch, Eduardo Strauch, Daniel Fernández, José Pedro Algorta y Carlos Páez siguen con vida. Javier Methol y José Luis Inciarte ya no están.
Muchos se reúnen cada 13 de octubre para recordar a los que no volvieron. No es una celebración, es un acto íntimo. Allí, entre abrazos y silencios, repiten que la montaña les quitó la inocencia pero les dio una hermandad que ninguna otra experiencia puede igualar.
La pregunta “qué fue de los supervivientes de los Andes” tiene tantas respuestas como personas. Unos eligieron el anonimato, otros la exposición mediática. Pero todos comparten una certeza: después de aquello, la vida se mide de otra manera. Y eso, quieran o no, los convierte en maestros de una lección que sigue vigente en 2026.