Post actualizado el día septiembre 19, 2026 by DeiviSanzPlay
Ahora te digo algo que casi nadie explica cuando empiezas en el mundo académico: todo esto de Google Scholar, o como lo llama mucha y sitios oficiales de cualquier academy o entorno universitario. Tú puedes buscar, buscando palabras clave en.
Por eso es importante saber cómo hacer busquedas o búsquedas, cómo consultar, revisar o ver cada, el.
Te haces preguntas, no entiendes qué pasa con tu cuenta o tu . Y Google Académico, que es una máquina de rastreo, las traga enteras sin preguntar.
Por eso lo primero que aprendí es que aquí hay que ser más listo que el algoritmo. No puedes escribir como si estuvieras haciendo una pregunta en la calle. La clave está en usar Google Académico en español pero con el filtro de búsqueda avanzada. Si no usas los operadores, ese buscador te devuelve hasta la nota de prensa de una universidad, y eso no es un artículo de investigación con está indexada
Vale, sigo con el lío de Google Académico, pero ahora tengo que contarte la última y más retorcida. Porque si antes las revistas fantasma eran fáciles de pillar por la mala página web o los correos en spanglish, ahora se han puesto finas. Y aquí es donde se te va el trabajo a la basura sin que te des ni cuenta.
Resulta que ya no hace falta que te inventen una revista. Ahora lo que hacen es secuestrar una que ya existe. Te pongo un ejemplo: una revista de verdad, con años de prestigio, indexada en Scopus, con su ISSN oficial. De repente, alguien se compra un dominio parecido—una letra cambiada, un guión de más—y copia toda la web. El diseño, los nombres del comité editorial, los números atrasados, todo calcado .
Tú recibes un correo que parece legítimo. Pone el nombre de la revista de verdad, el factor de impacto, todo. Te dicen que tu artículo encaja perfecto en un monográfico y que si pagas los APCs—que te los ponen razonables, ni muy altos ni muy bajos—te lo publican en dos semanas. Y tú, que llevas meses intentando publicar, caes. Pagas. Y tu artículo se va a una web fantasma que nadie va a leer porque no está indexada en ningún sitio de verdad .
Lo peor es que ahora las revistas depredadoras de verdad han aprendido a colarse en los índices de prestigio. Ya hay casos de revistas indexadas en Scopus y en la Web of Science que están haciendo prácticas fraudulentas. ¿Cómo? Pues inundando de números especiales, aceptando artículos sin revisión de verdad, y subiendo sus citas de forma artificial. Y si la revista está en la Master Journal List de Clarivate, la gente asume que es fiable. Pero ya no es así .
Mi primo el de la tesis se encontró con una de estas. La revista estaba en el Journal Citation Reports, tenía factor de impacto, estaba en el cuartil 2. Pero cuando empezó a mirar, cada número tenía cuarenta artículos, la mitad eran de temas que no tenían nada que ver con la línea editorial, y los tiempos de aceptación eran de diez días. Eso no es peer review, eso es una imprenta con tarifa plana. Y la biblioteca de la universidad le dijo claro: «si publicas ahí, no te lo vamos a contar para la acreditación» .
La clave aquí es que no te puedes fiar ni de la indexación. Porque antes la lista de Beall era la biblia para saber dónde no publicar, pero Beall cerró su lista en 2017 y aunque hay intentos de mantenerla, nadie ha conseguido el mismo nivel de actualización . Ahora tienes que hacer tú el detective.
El truco que te sirve de verdad es uno que me enseñó una bibliotecaria de la universidad: no busques solo si la revista está en Scopus, busca en Scimago Journal Rank—ahí ves el SJR, que es el factor de impacto ajustado por calidad de las citas—y luego mira el cuartil. Pero no te quedes ahí. Mira la evolución en los últimos años. Si una revista pasó de cuartil 4 a cuartil 2 en dos años, algo raro hay. O si tiene publicaciones masivas de autores de un solo país de repente, también .
Y otra cosa: el Directory of Open Access Journals—DOAJ—sigue siendo una de las listas blancas más fiables. Si la revista está ahí, al menos sabes que ha pasado un filtro serio. Pero ojo, que ni eso es infalible. Porque también ha habido casos de revistas que estaban en DOAJ y luego las sacaron por malas prácticas .
Te voy a contar cómo se le ocurrió a mi primo salvar el culo. Cogió el nombre de la revista sospechosa, fue a la página de Retraction Watch—que tiene una base de datos de revistas secuestradas—y la buscó. No aparecía en la lista de secuestradas, pero sí en los foros de académicos que hablaban de ella. Y encontró un hilo donde alguien decía que había recibido el mismo correo y que el dominio real de la revista era. org, no. com. Ahí se dio cuenta .
El problema gordo de esto es que si publicas en una revista secuestrada sin saberlo, luego no puedes recuperar tu artículo. No está en ninguna base de datos, no cuenta para tu currículum, y encima has pagado. Y si te das cuenta antes de pagar, igual te amenazan con denuncias para que no te eches atrás. Así operan .
Así que el resumen es: Google Académico te lleva hasta la puerta, pero cruzarla es cosa tuya. Si una revista tiene el nombre de una que conoces, pero el dominio no coincide con el de la editorial original, cierra el navegador. Y si te escriben antes de que tú hayas enviado nada, borra el correo. Que en esto de las publicaciones, lo barato sale caro, y lo rápido sale carísimo.
Y ahora qué hago si ya he picado: la agonía de darse cuenta tarde
Vale, te he contado cómo evitarlas, pero ahora toca lo que nadie quiere escuchar. Porque igual ya has caído. Igual hace unos meses pagaste esos ochocientos euros, recibiste el correo de «aceptado», y ahora tienes la URL colgada en tu currículum. Y empiezas a sospechar.
Te entiendo porque me pasó con un artículo que escribí hace años, al principio, cuando esto de las revistas depredadoras no se hablaba tanto. Pagué, publiqué, y un día un colega me miró con cara de «¿en serio?» y me dijo: «Oye, ¿sabes que esa revista está en la lista negra?» Se me cayó el mundo encima.
El primer consejo que te doy: no te comas la cabeza con la culpa. Porque las revistas depredadoras están diseñadas para pillar a la gente que más necesita publicar. Y ahora hasta los catedráticos con años de experiencia han caído alguna vez. No eres tonto, eres víctima de un negocio que factura millones al año. Y lo peor es que estos tíos se han vuelto expertos en imitar lo legítimo.
Lo primero que tienes que hacer es confirmar si realmente es depredadora. No te fíes de tu corazonada. Vete a la lista de revistas depredadoras que mantienen en Stop Predatory Journals, que es la que ha reemplazado un poco a la de Beall después de que él la cerrara en 2017. Si aparece ahí, no hay duda. Si no aparece, igual es más sutil.
También hay una página que se llama Think. Check. Submit. que es como un test de embarazo para revistas. Te hacen preguntas: ¿conoces al editor? ¿está indexada en DOAJ? ¿el proceso de revisión está claramente explicado? Si fallas tres preguntas seguidas, sal de ahí.
Pero la confirmación definitiva es una que me enseñó un investigador de la Universidad de Ottawa que estudia esto: busca artículos de revisión sobre revistas depredadoras en Google Académico y mira si tu revista aparece en los listados que citan. Hay un artículo muy bueno de 2019 en Nature que habla de la falta de definición clara, pero que enumera prácticas sospechosas. Si tu revista hace todas esas, no hay duda.
Ahora, si ya confirmaste que es depredadora, ¿qué haces? La respuesta es fea: lo más probable es que no puedas recuperar el dinero. Esas páginas operan desde países sin leyes claras, con cuentas bancarias en paraísos fiscales. He visto gente intentar hacer reclamaciones por PayPal y que les digan que «el servicio fue prestado». Porque técnicamente te publicaron, aunque sea basura.
La opción que sí funciona, aunque duele, es retractarte del artículo. Algunas revistas depredadoras tienen en su contrato una cláusula de retractación. Si la invocas, te pueden devolver parte del dinero, pero no te hagas ilusiones. Lo importante aquí no es el dinero, es tu nombre. Porque si ese artículo falso aparece en Google Académico asociado a tu perfil, cualquier agencia de acreditación como ANECA lo va a ver y va a levantar una ceja.
Lo que sí puedes hacer es pedir que eliminen el artículo. Manda un correo formal, con acuse de recibo, diciendo que quieres retirar el manuscrito por «duplicidad» o por «errores en los datos». A veces funcionan porque ellos lo que quieren es no tener líos. Pero ojo: aunque lo retires, la URL puede seguir en internet. Y en Google Académico puede quedar el registro.
Y aquí viene lo más jodido: no puedes desindexar algo de Google Académico. Una vez que el robot de Google ha rastreado ese artículo, queda en su base de datos. Puedes pedir que lo quiten de tu perfil público, pero el rastro queda. Por eso es mejor no llegar a ese punto.
Un caso que me contó un amigo que trabaja en una biblioteca universitaria: una chica de doctorado publicó en una revista depredadora sin darse cuenta. Cuando se dio cuenta, pidió la retractación y la revista se negó. Le dijeron que si quería retirar el artículo, tenía que pagar una penalización de 300 euros más. ¿Te imaginas? Estafarte una vez y luego intentar estafarte otra. Eso es el colmo.
Por eso, si ya estás dentro, mi recomendación es que no le des más vueltas al dinero. Da por perdida esa inversión. Lo que tienes que hacer es no volver a citar ese artículo en trabajos futuros. Déjalo ahí, como un recordatorio de que te la jugaron. Y si alguien te pregunta, sé honesto: «publiqué ahí antes de conocer el tema». La comunidad académica lo entiende, porque muchos han pasado por lo mismo.
Y una última cosa: si te han invitado a ser editor de una revista o a formar parte de su comité editorial, y es depredadora, renuncia de inmediato. Porque si tu nombre aparece como editor en una revista de esas, eso te persigue. Las agencias de acreditación miran no solo dónde publicas, sino en qué revistas participas. He visto casos de gente que le han rechazado sexenios porque tenían su nombre en una revista depredadora como «editor asociado» sin haber hecho nunca ninguna revisión.
Así que ya sabes: si has caído, asume, aprende, y sobre todo, no recomiendes esa revista a nadie. Porque lo peor de las revistas depredadoras no es que te estafen a ti, es que crean un ecosistema donde la ciencia basura se perpetúa. Y eso nos afecta a todos.
Cómo limpiar tu perfil de Google Académico sin dejar rastro (aunque quieras borrar todo)
Vale, sigo con el tema. Has caído en una revista depredadora, ya lo has asumido, y ahora quieres borrar esa mancha de tu currículum digital. Pues te cuento cómo se hace, porque no es tan obvio como apretar un botón y ya está.
Lo primero que tienes que saber es que Google Académico no es como LinkedIn. No puedes simplemente borrar una publicación y que desaparezca del universo. Lo que sí puedes hacer es controlar tu perfil de autor, que es lo que la gente ve cuando te busca. Si tienes un perfil público en Google Académico, ese artículo basura probablemente esté ahí colgado.
El truco que me enseñaron en una biblioteca universitaria es sencillo pero hay que saberlo. Entras a tu perfil de Google Académico, te logueas, y buscas el artículo en cuestión. Lo marcas con la casilla de al lado y das a «eliminar». Así de fácil. Pero ojo: esto solo lo quita de tu perfil público, no lo borra de internet. El artículo sigue existiendo en la web de la revista depredadora y Google sigue teniéndolo indexado en su buscador general.
Mi primo, el de la tesis, hizo esto y se quedó tranquilo. Pero luego le llegó un correo de un colega diciéndole «oye, te sale en Google Académico un artículo en una revista rara». Y es que el perfil de autor y la búsqueda general son dos cosas distintas. Si alguien busca tu nombre en Google Académico sin filtrar, ese artículo aparece aunque tú lo hayas borrado de tu perfil.
Aquí es donde viene la segunda jugada. Si quieres que ese artículo no aparezca asociado a tu nombre en ninguna parte, tienes que hacer lo que llaman «reclamar la autoría» pero al revés. En Google Académico hay una opción que dice «revisar» o «make a correction». Ahí puedes marcar que no eres autor de ese artículo . El sistema lo detecta y eventualmente lo desvincula de tu nombre. Pero no es inmediato, tarda semanas a veces.
El problema gordo viene cuando el artículo te lo han colado sin que tú supieras. Porque las revistas depredadoras a veces publican tu nombre sin que tú des el visto bueno final. Te mandan las galeradas, tú no las revisas, y ellos publican igual. He visto casos donde el investigador ni siquiera sabía que el artículo estaba publicado hasta que alguien se lo dijo. Ahí ya es más jodido, porque tienes que lidiar con la revista para que retracte.
Hablando de retractaciones, hay una movida que poca gente conoce. La lista de Beall sigue siendo la referencia para saber qué revistas son depredadoras . La original la cerró en 2017, pero la han retomado en beallslist. net y la actualizan regularmente . Si tu revista está ahí, tienes la confirmación oficial. Y si está ahí, puedes usarlo como argumento para pedir la retractación.
Lo que hice yo cuando me pasó fue mandar un correo a la revista diciendo: «He descubierto que su revista está en la lista de Beall de publicaciones depredadoras, por lo que solicito la retractación inmediata de mi artículo». Me respondieron a los dos días con una factura de 200 euros por «costes administrativos de retractación». Les mandé otro correo diciendo que si no lo retiraban, iba a denunciarles en el portal de su propio país. No me respondieron más. Pero a los tres meses el artículo ya no estaba en su web. No sé si fue por mi correo o porque cerraron la revista, pero desapareció.
Lo importante aquí es que no te quedes de brazos cruzados. Porque el daño de publicar en revistas depredadoras no es solo económico . En muchos sistemas de acreditación, como el de ANECA en España o CONACYT en México, tener publicaciones en revistas depredadoras puede hacer que te rechacen un sexenio o una beca. Y lo peor es que una vez que te lo rechazan, cuesta un trienio entero volver a presentarte. He visto compañeros que perdieron años de carrera por cuatro artículos en revistas dudosas.
Otra cosa que tienes que vigilar es el auto-update de Google Académico. Mucha gente tiene activada la opción de que Google añada automáticamente las publicaciones nuevas a su perfil. Esto es comodísimo, pero también peligroso . Porque si una revista depredadora te indexa, Google la mete sola en tu perfil. Y si no revisas, te quedas con esa basura asociada a tu nombre para siempre.
Por eso te recomiendo que desactives esa opción. En la configuración de perfil, puedes cambiarlo para que en vez de añadir artículos automáticamente, te mande un correo pidiendo revisión. Así tienes control. Porque luego limpiar un perfil con cien publicaciones de las cuales cuarenta no son tuyas o son de revistas basura es un suplicio.
Y hablando de limpieza, si ya tienes el perfil hecho y llevas años sin revisarlo, te recomiendo que le eches un ojo un domingo por la tarde. Es tedioso, pero necesario. Porque Google Scholar a veces te asigna artículos de gente con tu mismo nombre, y esos artículos pueden ser de calidad dudosa . Así que acabas con un perfil que mezcla tus cosas buenas con cosas que no has escrito o que son de revistas depredadoras. Y el que te mira por encima no sabe distinguir.
Lo último que te voy a decir es sobre las malditas estadísticas de citas. Cuando tienes un artículo basura en tu perfil, aunque lo borres, puede seguir recibiendo citas de otros artículos basura. Y esas citas inflan tus métricas artificialmente. Pero no te alegres, porque cuando un comité de evaluación serio ve que tienes citas de revistas depredadoras, no te lo cuentan como mérito. De hecho, es otra bandera roja. Así que no solo pierdes, sino que además te pones una diana en la espalda.
La moraleja de todo esto es que la limpieza digital en el mundo académico es como la higiene: mejor prevenir que curar. Pero si ya te pasó, tienes herramientas para arreglarlo. No es imposible, solo es pesado. Y lo más importante: la próxima vez que vayas a publicar, te acordarás de todo esto y mirarás hasta el apellido del editor. Porque la experiencia, aunque amarga, es la que más te enseña.