La integración del «TikTok Shop» ha convertido la plataforma de un espacio puramente de entretenimiento a un centro de comercio social. El «compra ahora» ya no es una función separada; está fusionada con el contenido. Los usuarios descubren productos a través de reseñas auténticas, «haul» (muestras de compras) y demostraciones de uso integradas en videos que siguen el mismo formato divertido y casual del resto de la plataforma.
Este modelo de «social commerce» es poderoso porque reduce la fricción. Un usuario puede ver un video de un creador de confianza usando un producto, hacer clic en el enlace y comprarlo en segundos, sin salir de la aplicación. La confianza en el creador («influencer») se transfiere directamente a la marca, lo que hace que las tasas de conversión sean excepcionalmente altas. Los productos que se vuelven virales pueden agotarse en horas, un fenómeno conocido como el «efecto TikTok».
Para las pequeñas empresas y emprendedores, esto ha sido revolucionario. Una marca emergente puede lograr un reconocimiento masivo y ventas explosivas sin una campaña de marketing costosa, simplemente creando un video atractivo o siendo descubierta por un creador influyente. Sin embargo, esto también ha creado un entorno de «compras impulsivas», donde los usuarios compran basándose en la emoción del momento, un comportamiento que las marcas y la propia plataforma están ansiosas por aprovechar.