He visto cómo vuela un avión de papel bien hecho, y no es por casualidad. Casi todos lo hemos hecho alguna vez, pero los que de verdad vuelan son otra historia. Yo me quedé enganchado cuando vi a uno planear más lejos de lo que hubiera imaginado.
No te voy a dar esos pasos genéricos que encuentras en cualquier parte. El papel, por ejemplo, tiene mucha más importancia de lo que parece. Un folio normal de 80 gramos es buen punto de partida, pero si pruebas con uno de folleto, más fino, a veces también funciona. Evita el cartón grueso, pero eso no quiere decir que un papel un poco más resistente no pueda darte sorpresas si ajustas el peso.
La precisión en los dobleces es lo que separa un avión cojo de uno que corte el aire. Doblar y desdoblar para marcar mejor, usando incluso una regla para los bordes, cambia todo. Y lo más crítico: la simetría. Si un ala queda medio milímetro más corta o un doblez no es idéntico, el avión girará en espiral hasta el suelo. Hay que comprobarlo girándolo y mirándolo desde todos los ángulos.
El diseño que de verdad va lejos
El clásico con punta afilada es fiable, pero no es el único. Para distancia pura, he visto que los diseños con cuerpo delgado y alas no demasiado anchas suelen ir más rápido y directos. A veces, un clip pequeño en la nariz puede salvar un avión que tiende a levantarse y frenarse. Es cuestión de probar: se pega, se prueba, y si no va, se quita.
El último toque está en los alerones. Doblar solo la puntita trasera de las alas hacia arriba hará que el avión baje. Si lo doblas un poco hacia abajo, ganará altura. Y si quieres que gire, uno arriba y otro abajo, pero con ajustes mínimos, casi imperceptibles.
Lanzarlo no es solo tirar
Aquí es donde muchos lo echan a perder. La fuerza no lo es todo. Para la mayoría, un lanzamiento firme pero no violento, con el avión perfectamente nivelado o con una inclinación mínima hacia arriba, es lo que funciona. Si hay viento, jugar con él es clave: lanzar contra el viento puede darle más sustentación a un planeador, y a favor, más velocidad.
El verdadero truco está en no conformarse con el primer intento. Se hace uno, se lanza, se observa cómo cae, se ajusta un alerón, se prueba otro ángulo de lanzamiento. A veces un diseño simplemente no funciona con ese papel, y hay que empezar de nuevo con una hoja limpia. Esa es la única manera de que, de repente, uno de ellos se escape de tus manos y recorra toda la habitación, o cruce el patio de un tirón, como si de verdad supiera a dónde va.