Preguntas y Respuestas

Saltar la cuerda no es un juego (bueno, a veces sí, y por eso funciona)

La primera vez que lo probé de adulto, fue casi por accidente. Mi sobrino olvidó su cuerda en mi casa, una de esas de colores brillantes. Un día, entre reuniones online que se solapan, la vi ahí en el rincón y pensé: «¿En serio no puedo ni con esto?». Te juro que en treinta segundos estaba sin aire, con la lengua fuera y la dignidad por los suelos. Pero también, por primera vez en semanas, con una sonrisa. Eso ya me dijo algo. Sin saberlo, estaba a punto de descubrir todos los beneficios de saltar la cuerda.

No es solo correr en vertical. La gente cree que es subir y bajar, pero es un baile. Tienes que escuchar el tac, tac contra el suelo, sentir cuándo la cuerda va a pasar, y que tus pies reaccionen al milímetro. Te obliga a estar aquí, en este segundo, porque si tu mente se va a la lista de la compra, ya te enredaste. Por eso los boxeadores, que necesitan pies ligeros y cabeza fría, son adictos a ella. No es un ejercicio tonto; es un ejercicio listo. Esto responde a la clásica duda: la cuerda para saltar para que sirve. Sirve para mucho más que sudar.

Lo que le pasa a tu cuerpo es casi un milagro cotidiano. No necesitas estudios (aunque los hay, y muchos) para notarlo. En una semana, mi respiración al subir las escaleras dejó de sonar como la de una locomotora vieja. Dicen que 10 minutos de cuerda pueden darte el mismo beneficio cardiovascular que media hora de trote. A mí me parece exagerado, pero sí noté que el corazón se me calma más rápido después de un susto o un mal rato. Empecé a comprobar los beneficios por saltar la cuerda en mi propio cuerpo.

Y lo de los huesos. Mi madre tiene osteoporosis, y su médica le dijo que lo mejor era «golpear» los huesos con suavidad, para que se fortalecieran. Pensé en correr, pero a sus rodillas no les gusta. Un día le hablé de la cuerda, con cuidado, y ahora salta un minuto al día, sobre una alfombra gruesa. No va a ganar un maratón, pero dice sentirse más firme. Un análisis de varios estudios confirma esto: saltar aumenta la densidad mineral ósea, sobre todo en caderas y columna. Para las mujeres a cierta edad, esto no es un beneficio, es un salvavidas. Los cuerda de saltar beneficios para la salud ósea son contundentes.

La parte más inesperada fue la de la cabeza. Yo soy de darle mil vueltas a todo. Pero con la cuerda, es imposible. Tienes que concentrarte en el ritmo, en no tropezar, en respirar. Es una meditación a golpes de talón. Leí sobre un estudio con adolescentes que, después de clase de matemáticas, saltaban la cuerda de formas variadas (cruzando pies, a la pata coja…). Los que hicieron estos saltos «difíciles» retuvieron mejor lo aprendido. No es magia; es que el cerebro, cuando coordina cuerpo y ritmo, se despierta y se organiza. A mí me pasa: después de saltar, las ideas me vienen más claras. Los beneficios de saltar cuerda son también cognitivos.

Claro, no todo es color de rosa. Si saltas como un elefante en cemento puro, te vas a destrozar las rodillas. El truco está en casi no despegarse del suelo. Unos centímetros bastan. Y usar unas zapatillas con buen almohadón. La superficie ideal es madera o esas pistas de caucho de los parques. El asfalto es tu enemigo.

Lo mejor es que no perdona, pero tampoco pide permiso. No necesitas gimnasio, ni una hora libre, ni ropa especial. Una cuerda decente (que llegue a tus axilas cuando la pisas) cabe en cualquier bolso. He saltado en parkings, en un rincón de la oficina, en la azotea. En diez minutos, puedes hacer un circuito que te deje hecho polvo y feliz. Puedes quemar desde 200 a más de 500 calorías en media hora, dependiendo de la intensidad. Pero los números al final importan menos que la sensación: es eficaz, rápido y no te aburre.

Al final, creo que su mayor beneficio es que te recuerda tu propio ritmo. No el de la música, sino el tuyo. Empiezas tropezando, encontrando un compás básico, y luego, si te atreves, pruebas a cruzar los brazos, a levantar rodillas, a imitar ese paso de boxeador. Cada pequeño logro (20 saltos seguidos, 50, 100) te da una palmadita en la espalda. En un mundo de apps complicadas y máquinas con mil botones, hay algo profundamente honesto en volver a lo simple: una cuerda, el suelo, y las ganas de levantarte un poco más ligero. Esa es la esencia de los beneficios de saltar cuerda: te devuelven a ti mismo.