Post actualizado el día noviembre 1, 2026 by DeiviSanzPlay
Antes de empezar, aclaro algo que casi nadie dice: que necesito para instalar Windows 10 depende de si vas a hacer una instalación limpia o una actualización. No es lo mismo. En una instalación limpia el hardware es lo único que importa; en una actualización, además, tienes que arrastrar todo lo que ya tenías en el disco y eso cambia las reglas.
Voy a lo práctico. Si tienes un equipo con estas características, vas sobrado: procesador de 1 GHz o más (y que sea compatible con lo que Microsoft exige hoy, que es más restrictivo que hace años), 2 GB de RAM en 32 bits o 4 GB en 64 bits, y entre 20 y 32 GB de espacio libre en disco. Ese espacio es más grande de lo que la gente cree y es la causa número uno de instalaciones que fallan a mitad.
Requisitos que la ficha oficial no explica bien
La lista oficial de Microsoft dice que necesitas una pantalla de 800×600, una tarjeta gráfica compatible con DirectX 9 y conexión a internet. Hasta ahí, todo correcto. El problema es que esa lista se queda corta en la práctica.
Para empezar, el firmware del equipo. Los equipos con UEFI y arranque seguro activo tienen menos problemas que los antiguos con BIOS heredada. Y si tu placa es de antes de 2012, ojo: puede que Windows 10 arranque, pero los drivers de chipset y de red no siempre existen. Yo me he encontrado con portátiles de 2010 donde el Wi-Fi simplemente no aparece tras la instalación porque el fabricante nunca publicó un driver para Windows 10. Eso no es un fallo de la instalación: es que el hardware es viejo.
Lo que de verdad hace falta tener a mano
Más allá de los números, hay cuatro cosas que te van a ahorrar una tarde entera de disgustos:
- Un pendrive de 8 GB o más. Con 4 GB a veces cabe, pero el archivo de imagen ha crecido con las versiones y no merece la pena arriesgar. Si el pendrive tiene datos, se van a borrar: no hay vuelta atrás.
- La herramienta Media Creation Tool de Microsoft, que descarga el sistema y prepara el USB. No uses imágenes de terceros: no sabes qué llevan dentro.
- Una clave de producto. En equipos con Windows 7 u 8.1 original, la clave suele estar incrustada en el firmware y Windows 10 la detecta solo. En equipos montados a mano, tendrás que comprarla o quedarte con la versión sin activar.
- Acceso a otra máquina con internet para bajar los drivers del fabricante después. La instalación te deja sin red más veces de las que parece.
El caso que casi nadie contempla: el disco
Aquí hay un matiz importante. Un disco mecánico de 5400 rpm funciona, sí, pero Windows 10 en un HDD viejo se arrastra. La instalación termina, el sistema arranca, y a los cinco minutos entiendes por qué la gente cambia a SSD. Si tu objetivo es un equipo usable, un SSD SATA de 240 GB cuesta poco y transforma el resultado. No es un requisito técnico, pero es la diferencia entre un ordenador que se usa y uno que se sufre.
También revisa el estado del disco antes de empezar. Un disco con sectores dañados puede fallar justo durante la copia de archivos y dejarte con una partición a medias. Herramientas como CrystalDiskInfo, que son gratuitas, te dan una pista rápida del estado SMART del disco.
Qué no funciona y conviene saberlo antes
Windows 10 no se instala en procesadores de 64 bits antiguos que carecen de ciertas instrucciones (SSE2 y posteriores son necesarias). Tampoco en equipos con menos de 1 GB de RAM: el instalador ni siquiera arranca. Y si tienes un Mac con chip Apple Silicon, olvídate de la instalación nativa: necesitarás virtualización, y eso es otro tema.
Hay otro límite que suele sorprender: las máquinas con TPM 2.0 no son obligatorias para Windows 10 (eso es cosa de Windows 11), pero algunos fabricantes han retirado drivers de Windows 10 para modelos recientes. Antes de empezar, entra en la web de soporte de tu fabricante y comprueba que existe driver de red para tu modelo y Windows 10. Si no existe, tendrás que usar un adaptador USB-Ethernet o pasar los drivers en el mismo pendrive.
Mi recomendación práctica
No te lances sin comprobar tres cosas: espacio libre real (no el que marca el explorador, sino el de la partición donde vas a instalar), que el equipo arranca desde USB (entra en la BIOS/UEFI y verifica el orden de arranque) y que tienes la clave o el equipo está vinculado a una cuenta Microsoft. Con eso, la mayoría de instalaciones salen a la primera.
Y un consejo de transparencia: ninguna guía te garantiza que todo saldrá bien. Los fallos existen, y cuando ocurren la solución casi siempre pasa por revisar el USB, el puerto (usa uno 2.0 si el 3.0 da problemas) o el estado del disco. Ten un segundo pendrive preparado; parece una tontería hasta que el primero muere a mitad del proceso.
Perfiles verificables: Sitio web
Publicado el 1 de November de 2026. Última revisión: 1 de November de 2026.