Post actualizado el día noviembre 1, 2026 by DeiviSanzPlay
Cuando alguien me pregunta qué necesito para instalar Windows 10, casi siempre espera una lista de componentes. Pero la decisión que de verdad marca la diferencia es otra: instalar desde un USB o desde un DVD. He hecho las dos cosas más veces de las que recuerdo, y hoy lo tengo claro.
La respuesta corta: un USB de 8 GB o más gana casi siempre. La respuesta larga explica por qué, y en qué casos el DVD sigue teniendo sentido.
El USB: rapidez, reutilización y compatibilidad real
Un pendrive de 8 GB (16 GB si vas sobrado) con la herramienta oficial Media Creation Tool de Microsoft es el método que uso por defecto. La instalación desde USB suele ser notablemente más rápida que desde DVD, y el mismo dispositivo te sirve luego para reparaciones o para otro equipo.
Hay un detalle que mucha gente pasa por alto: el USB debe estar vacío o, al menos, sin nada que te importe. La herramienta lo formatea. Si tienes fotos o documentos ahí, muévelos antes. Me ha pasado ver a alguien perder un trabajo de fin de máster por saltarse este paso.
Otro punto práctico: no todos los puertos USB funcionan igual. En equipos algo antiguos, arrancar desde un USB 3.0 en un puerto azul puede fallar; cambiar a un puerto USB 2.0 (los negros) resuelve el problema más veces de las que parece razonable.
El DVD: cuando el hardware viejo manda
El DVD tiene un nicho real: equipos de hace más de una década cuya BIOS no reconoce bien el arranque USB, o donde el lector óptico es lo único que funciona con seguridad. También sirve si no tienes ningún pendrive a mano y sí un disco virgen.
La pega es doble. Primero, necesitas una grabadora y un DVD de doble capa si la ISO supera los 4,7 GB, algo habitual según la edición. Segundo, la velocidad de lectura del disco alarga la instalación y, con lectores gastados, aparecen errores de lectura a mitad de proceso.
Conozco un caso concreto: un portátil de 2011 que se negaba a arrancar desde cualquier USB. La solución fue grabar la ISO en DVD y listo. Pero ese mismo equipo, hoy, apenas se usa. Para cualquier máquina de los últimos ocho o diez años, el DVD es un rodeo innecesario.
Qué más necesitas, más allá del medio
Independientemente de la vía elegida, hay requisitos que no cambian: un equipo con al menos 1 GHz de procesador, 2 GB de RAM para 64 bits (1 GB para 32 bits), 20 GB de espacio libre y una clave de producto válida si vas a activar la licencia.
Y algo que no siempre se dice: la conexión a internet durante la instalación. Windows 10 permite instalarlo sin red, pero luego la activación y las actualizaciones te obligarán a conectarte. Si el equipo no tiene WiFi integrado y no hay cable disponible, prepara los drivers del adaptador antes, porque después no podrás descargarlos.
Por qué gana el USB
La comparación se resuelve por tres motivos: velocidad, reutilización y disponibilidad del hardware. Un pendrive cuesta poco, se encuentra en cualquier casa y se puede reescribir las veces que haga falta. Un DVD se graba una vez, ocupa un lector que cada vez menos equipos tienen y falla más con la edad.
La excepción honesta es el hardware antiguo con arranque USB problemático. Ahí el DVD sigue siendo el plan B. Pero si tu equipo tiene menos de diez años, empieza por el USB. Y si algo falla, revisa el puerto, el formato del pendrive y la configuración de arranque en la BIOS antes de culpar al método.
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Publicado el 1 de November de 2026. Última revisión: 1 de November de 2026.