Post actualizado el día noviembre 1, 2026 by DeiviSanzPlay
Cuando alguien se pregunta que necesito para instalar windows 11, lo primero que suele mirar es el procesador o la RAM. Y ahí empieza el error: la mayoría de los equipos que fallan en el intento no es por falta de potencia, sino porque el firmware tiene el TPM desactivado o mal configurado. Lo he visto en portátiles de gama media con menos de tres años que, sobre el papel, cumplen todos los requisitos.
El TPM (Trusted Platform Module) es un chip de seguridad que Windows 11 exige, y en muchos equipos viene deshabilitado de fábrica. No basta con tenerlo; hay que activarlo en la UEFI. Si no lo haces, el asistente de instalación te mostrará un mensaje genérico de incompatibilidad que no aclara nada. Ese es el tropiezo clásico.
Requisitos reales más allá de la lista oficial
Microsoft publica unos requisitos mínimos, pero la experiencia dice que hay que leerlos con lupa. Para instalar Windows 11 necesitas un procesador de 64 bits compatible (lista publicada por el fabricante), 4 GB de RAM, 64 GB de almacenamiento, UEFI con arranque seguro y TPM 2.0. Hasta aquí lo estándar.
El problema aparece cuando el equipo tiene TPM 1.2 o ninguno. En ese caso, la instalación se bloquea. He probado con un Intel Core i5 de octava generación y 8 GB de RAM: cumplía todo menos el TPM, que estaba desactivado. Tras entrar en la BIOS y habilitar «PTT» (Intel Platform Trust Technology) o «fTPM» (AMD), el instalador continuó sin quejas.
Otro detalle que se pasa por alto: el espacio en disco. Los 64 GB mínimos se quedan cortos si luego quieres actualizaciones y programas. Con 128 GB vas más tranquilo, pero incluso así, Windows 11 ocupa bastante más que Windows 10 tras varios ciclos de actualización.
El error de no comprobar la versión de UEFI y el arranque seguro
Muchos usuarios dan por hecho que su placa base es moderna y no revisan si el modo de arranque es UEFI o Legacy. Windows 11 requiere UEFI y arranque seguro activado. Si el equipo arranca en modo Legacy (CSM), el instalador se negará. La solución pasa por entrar en la configuración del firmware y cambiar el modo de arranque, pero ojo: si el disco está en MBR, tendrás que convertirlo a GPT, y eso puede implicar perder datos si no se hace con cuidado.
Aquí va un aviso: esto no funciona para equipos muy antiguos que no soportan UEFI. En esos casos, aunque fuerces la instalación con métodos alternativos, Microsoft no garantiza actualizaciones ni soporte. Y si tu procesador no está en la lista de compatibilidad, mejor no pierdas el tiempo: el sistema puede instalarse, pero quedará fuera de las actualizaciones de seguridad.
Comprobaciones antes de descargar la ISO
Antes de lanzarte, ejecuta el «Comprobador de estado de la PC» de Microsoft. Es una herramienta oficial que te dice qué falta. Pero no te fíes al cien por cien: a veces no detecta el TPM desactivado si el firmware está en un estado concreto. Mi consejo es que entres manualmente en la UEFI y busques las opciones de seguridad. Los nombres varían: «Intel PTT», «AMD fTPM», «Security Device Support», «PTT Configuration».
También revisa la versión de la BIOS. Una actualización puede añadir compatibilidad con TPM 2.0 en placas que originalmente no lo tenían. No es habitual, pero ocurre en algunos modelos de ASUS y Gigabyte. Si no te ves cómodo actualizando la BIOS, pide ayuda: un error ahí puede dejar el equipo inservible.
El mito del «mi PC es nuevo, seguro que vale»
He visto portátiles comprados hace dos años que no cumplen los requisitos por el TPM. No es raro: los fabricantes a veces lo desactivan para ahorrar energía o por configuración de fábrica. La única forma de salir de dudas es comprobarlo. En Windows 10, abre «Seguridad de Windows» y busca «Procesador de seguridad». Si dice «TPM 2.0», vas bien; si no aparece o pone «TPM 1.2», tendrás que activarlo en la UEFI.
Y no, no sirve con instalar Windows 11 en un equipo sin TPM mediante un truco de registro. Eso solo evita la comprobación durante la instalación, pero el sistema quedará sin actualizaciones importantes. Para un uso doméstico básico puede parecer suficiente, pero no lo recomiendo para un equipo de trabajo.
Resumen práctico de lo que necesitas
Para instalar Windows 11 sin sorpresas: procesador compatible (revísalo en la web del fabricante), 4 GB de RAM (mejor 8), 64 GB de almacenamiento (mejor 128), UEFI con arranque seguro y TPM 2.0 activado. Además, una cuenta de Microsoft para la configuración inicial y conexión a internet. Si tu equipo no tiene TPM 2.0, valora si merece la pena cambiar de equipo o quedarte en Windows 10 hasta que expire el soporte.
La clave está en no quedarse con la lista de requisitos y comprobar el firmware. Ese es el error que casi todos cometen al empezar: mirar solo el hardware visible y olvidar la configuración de seguridad. Con una revisión previa de la UEFI, te ahorras el mensaje de incompatibilidad y el consiguiente dolor de cabeza.
Perfiles verificables: Sitio web
Publicado el 1 de November de 2026. Última revisión: 1 de November de 2026.