Post actualizado el día octubre 31, 2026 by DeiviSanzPlay
Saber cómo usar un extintor correctamente no es un detalle menor: en una cocina doméstica, un par de segundos de duda pueden convertir un conato en un incendio serio. Hace unos años, un vecino intentó apagar una sartén de aceite que había prendido con la campana extractora llena de grasa. Agarró el extintor de polvo ABC del pasillo, apuntó al centro de las llamas y descargó a un metro de distancia. El resultado: la nube de polvo empujó el aceite ardiendo contra la pared, la grasa salpicó la cortina y el fuego se extendió por la parte alta. Lo que podía haberse resuelto con una tapa y el fuego apagado, terminó con dos bomberos y una cocina para reformar.
Por qué falló: el extintor no era el adecuado ni se usó bien
Este caso concentra los tres errores clásicos que aparecen cuando alguien quiere aprender cómo usar un extintor correctamente sin haberlo practicado nunca. Primero, el agente extintor no correspondía: un extintor de polvo ABC sirve para sólidos, líquidos y gases, pero en aceites de cocina calientes (clase F) el polvo no siempre sofoca de forma eficaz y puede proyectar el líquido ardiendo. Segundo, la distancia: la boquilla debe quedar a una distancia que permita dirigir el chorro a la base de la llama, no al humo ni a las puntas. Tercero, la técnica: se apunta a la base con movimientos de barrido, no se dispara un chorro continuo al centro.
Hay un matiz que suele omitirse: en fuegos de aceite (clase F), el extintor específico de acetato de potasio o una manta ignífuga son la opción sensata. Si no dispones de ellos, apagar el fuego con una tapa metálica y cortar la fuente de calor suele ser más seguro que descargar polvo a presión sobre la sartén. Esto no funciona para fuegos que ya han alcanzado la campana o la pared: ahí toca evacuar y llamar a emergencias.
La secuencia que sí funciona: PASS no basta si no se adapta
El acrónimo PASS (Pull, Aim, Squeeze, Sweep) es útil como recordatorio, pero traducido a la práctica española suele quedarse corto. Antes de tirar de la anilla, comprueba que tienes una vía de salida a tu espalda y que el extintor es del tipo correcto. La etiqueta del aparato indica las clases de fuego: A (sólidos), B (líquidos), C (gases), D (metales) y F (aceites y grasas de cocina). Un extintor de agua presurizada, por ejemplo, es peligroso en fuegos eléctricos o de aceite. No improvises con el que esté más a mano.
Al sujetar el aparato, retira el pasador y sujeta la manguera por la boquilla, no por el tubo flexible. Dirige el chorro a la base de la llama, desde una distancia prudencial que te permita mantener el control, y barre de lado a lado cubriendo el borde del fuego. Si el fuego se reaviva, no vacíes el extintor de golpe: dosifica y retrocede. Y si el conato supera el tamaño de una papelera o ya hay humo denso a la altura de la cabeza, no lo intentes: cierra la puerta y sal.
El error previo: extintores caducados y sin revisión
En el caso del vecino, el extintor llevaba más de cinco años en el mismo rincón sin revisión ni pesaje. La aguja del manómetro estaba en verde, pero eso no garantiza que la presión interna sea la adecuada ni que el polvo esté suelto. En extintores de polvo, el agente tiende a compactarse con el tiempo y las vibraciones; una práctica habitual en mantenimiento es invertir el aparato y agitarlo periódicamente, aunque la revisión oficial corresponde a un servicio técnico. La normativa española sobre instalaciones de protección contra incendios establece revisiones periódicas según el tipo de aparato y su ubicación, y en viviendas particulares rara vez se cumplen.
Otro detalle que casi nadie mira: la fecha de la última prueba hidráulica y el estado de la manguera. Una manguera agrietada puede reventar al abrir la válvula. Si el extintor es de una comunidad de vecinos y no hay registro de mantenimiento, mejor no confiar en él para un fuego real. Eso no significa que debas tener un extintor profesional en casa, pero sí que, si decides comprar uno, elijas uno de polvo ABC de tamaño manejable o, mejor para la cocina, un extintor específico de clase F o una manta ignífuga.
Lo que no se practica, no se ejecuta bajo presión
La mayoría de la gente que cree saber cómo usar un extintor correctamente nunca ha descargado uno. El primer disparo impresiona: el ruido, la nube, el retroceso. Por eso los cursos de extinción con fuego real insisten en la práctica guiada. Si no tienes acceso a una formación práctica, al menos simula la secuencia en seco: retira el pasador, sujeta la boquilla, apunta bajo y barre. Familiarizarte con el peso y el mecanismo reduce la probabilidad de bloquearte cuando hay llamas delante.
También conviene revisar dónde está el extintor y si el acceso está despejado. De poco sirve tenerlo detrás de una pila de cajas o en el maletero del coche. Y una advertencia realista: el extintor sirve para conatos, no para incendios desarrollados. Si el fuego ha prendido en el techo o hay humo que impide ver la salida, la prioridad es evacuar y llamar al 112. Ningún aparato sustituye a la decisión de salir a tiempo.
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Publicado el 31 de October de 2026. Última revisión: 31 de October de 2026.


