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Cómo duermen los astronautas en el espacio: secretos de 2026

Post actualizado el día octubre 12, 2026 by DeiviSanzPlay

Los astronautas no se acuestan en una cama ni apoyan la cabeza en una almohada. En la Estación Espacial Internacional (ISS), que orbita a unos 400 km sobre nosotros, la microgravedad convierte el acto de dormir en una coreografía extraña: flotan dentro de sacos anclados a la pared, con los brazos sueltos y la sensación constante de estar cayendo. No es ciencia ficción, es su rutina diaria.

La pregunta cómo duermen los astronautas en el espacio tiene una respuesta menos poética de lo que parece: se atan, se zippean y se dejan llevar por un entorno donde no existe el «arriba» ni el «abajo».

Sacos de dormir anclados: la cama que no es cama

En la ISS no hay colchones. Cada tripulante tiene asignado un compartimento del tamaño de una cabina telefónica, conocido como crew cabin. Dentro, cuelgan un saco de dormir vertical u horizontal, sujeto con correas a la estructura. El astronauta se introduce en él y se cierra la cremallera. ¿Por qué? Porque si no lo hiciera, en cuanto se relajara, su cuerpo empezaría a flotar y podría golpearse con paneles, experimentos o incluso con un compañero.

Los sacos tienen aberturas para los brazos y, a veces, para la cabeza, de modo que el astronauta puede leer o usar una tablet antes de dormir. La temperatura interior se regula con capas de ropa y mantas térmicas, porque en la ISS el aire se mueve constantemente y la sensación térmica cambia según la zona.

Un detalle clave: la microgravedad hace que el cuerpo no presione contra ninguna superficie. Eso significa que no hay puntos de apoyo, y sin ellos, el cerebro recibe señales confusas sobre la postura. Por eso muchos astronautas duermen con los brazos metidos dentro del saco: si los dejan fuera, tienden a flotar y a despertarse con sobresaltos.

El problema de los ritmos circadianos: cuando el sol sale 16 veces al día

En la Tierra, la luz del sol regula nuestro reloj interno. En la órbita terrestre baja, la ISS da una vuelta al planeta cada 90 minutos, así que los astronautas ven amanecer y atardecer 16 veces cada 24 horas. Ese bombardeo lumínico destroza el ciclo de sueño-vigilia si no se controla.

Para evitarlo, la NASA y las agencias asociadas imponen un horario fijo: 8 horas de descanso, normalmente de 21:30 a 5:30 GMT. Durante ese tiempo, las luces se atenúan y se simula una noche artificial. Además, cada tripulante dispone de antifaces y tapones para los oídos, porque los ventiladores y los sistemas de la estación generan un zumbido constante de unos 60 decibelios.

La ciencia detrás del sueño en el espacio ha demostrado que los astronautas duermen de media unas 6 horas, menos de lo recomendado. Un estudio de la Universidad de Harvard y el Brigham and Women’s Hospital, publicado en Sleep, encontró que los tripulantes acumulan déficit de sueño y recurren a pastillas para dormir con más frecuencia de la deseable. Eso afecta su atención y su capacidad de reacción en emergencias.

«El sueño es una parte crítica de la misión. Un astronauta somnoliento es un riesgo para toda la tripulación», resume un informe de la NASA sobre salud conductual en vuelos espaciales.

Rutinas y trucos para conciliar el sueño en órbita

Los astronautas no se limitan a meterse en el saco. Antes de dormir siguen una rutina deliberada: cenan ligero, evitan cafeína después de las 15:00, revisan el plan del día siguiente y dedican media hora a relajarse. Algunos leen, otros escuchan música o hablan por videollamada con su familia.

El uso de gafas de luz azul o filtros en las pantallas ayuda a no engañar al cerebro. En los últimos años, la NASA ha instalado luces LED regulables en la ISS que cambian de intensidad y tono para simular el ciclo natural. Por la mañana emiten luz blanca fría; por la noche, luz cálida y tenue.

Otro truco es la relajación muscular progresiva: tensar y destensar grupos de músculos mientras se está dentro del saco. Sin gravedad, el cuerpo tiende a quedarse rígido, y esa técnica ayuda a soltar la tensión acumulada durante las caminatas espaciales o los experimentos.

¿Qué pasa con la orientación? Arriba y abajo no existen

En la Tierra, el oído interno y la vista nos dicen dónde está el suelo. En el espacio, esa referencia desaparece. Los astronautas pueden dormir perfectamente boca abajo, de lado o en cualquier ángulo, y no les importa. Pero esa falta de orientación puede causar desorientación espacial al despertar.

Para combatirla, muchos se anclan a una pared concreta y mantienen una posición constante. Otros colocan una foto o un objeto personal en una pared para tener un punto de referencia visual. Es una adaptación psicológica: el cerebro necesita un «norte» aunque sea artificial.

La falta de gravedad también afecta a la circulación. Sin la presión de la gravedad, los fluidos corporales se desplazan hacia la cabeza, lo que provoca congestión nasal y sensación de hinchazón facial. Eso puede dificultar la respiración al dormir, y algunos astronautas usan tiras nasales o duermen con la cabeza ligeramente elevada.

Diferencias entre la ISS y las naves futuras

En la Estación Espacial Internacional, el espacio es limitado pero hay cierta comodidad. En naves más pequeñas, como la Crew Dragon de SpaceX, los astronautas duermen en asientos reclinables dentro de sacos de dormir integrados. Durante el lanzamiento y el atraque, no hay cabinas individuales; se turnan para descansar en un entorno aún más ruidoso y con menos intimidad.

Para misiones de larga duración, como un viaje a Marte, el diseño del sueño es un desafío mayor. La NASA estudia cápsulas de hibernación y sistemas de luz circadiana personalizados. La idea es que cada tripulante pueda regular su propio ciclo sin depender del resto.

Mientras tanto, en la ISS, el saco de dormir sigue siendo el rey. No hay lujos, pero funciona. Los astronautas se meten, se atan, se ponen el antifaz y se dejan flotar. Al fin y al cabo, dormir en el espacio es solo otra habilidad que se entrena, como flotar o comer sin que la comida se escape.

Así que la próxima vez que te cueste conciliar el sueño en tu cama, piensa en ellos: al menos tú no tienes que atarte para no chocar contra el techo.